Lo que debes saber sobre la ansiedad por separación en perros

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Llega el buen tiempo y las vacaciones, una época en la que muchos propietarios de perros dejan a su mascota en residencias o con familiares o amigos. Esto puede favorecer que los problemas de ansiedad por separación se agraven o agudicen.

Neus Gándara
Especialista en comportamiento canino y terapias alternativas con animales domésticos

La ansiedad por separación es una de las conductas anómalas más extendidas y frecuentes en las consultas de los es­pecialistas en etología. La conducta destructiva y la elimina­ción inadecuada son los comportamien­tos más frecuentes en una ansiedad por separación, y aunque éstos pueden ve­nir dados por distintos motivos, un ele­vado porcentaje de casos son por este problema.

La ansiedad por separación está re­lacionada directamente con la relación que el propietario mantiene con el pe­rro, la convivencia diaria y su entorno. Los cambios de comportamiento que ocasiona en la mayoría de los casos di­ficulta la buena convivencia con el pro­pietario, deteriora la relación con el ani­mal y es uno de los motivos por los que muchos perros acaban abandonados y residiendo en protectoras.

¿Qué es?

El diccionario de la lengua española lo define como un “estado de agitación, in­quietud, angustia o anhelo” y el diccio­nario médico lo define como “el temor de un individuo ante un peligro real o imaginario”. Entonces, entendemos que este estado se produce cuando el perro se encuentra privado de la compañía de su dueño, ya sea cuando éste sale de casa o bien cuando se mantiene al ani­mal en alguna estancia de la casa donde no puede tener acceso a su dueño.

La ansiedad por separación es inde­pendiente de la edad, sexo y raza. Las causas no han sido definidas claramen­te, pero por la información que tenemos disponible según estudios realizados las podríamos resumir en:

  • Fobias.
  • Experiencias traumáticas.
  • Frustración o aburrimiento.
  • Exceso de apego con su dueño.
  • Aislamiento social.
  • Destete a una edad muy temprana.
  • Por efectos de la domesticación, pro­ceso de neotenia (rasgos juveniles).

Sintomatología

Los síntomas pueden empezar a ob­servarse antes de que el propietario abandone el domicilio; a los 30 minutos o una hora después de haber salido de casa, el cambio de conducta llega a su punto máximo, después decrece y vuel­ve a aumentar y disminuir varias veces a lo largo de la ausencia del propietario.

Es importante recalcar que no todos los perros que tienen ansiedad por sepa­ración muestran estos comportamientos, y a la inversa.

Para facilitar el camino y diagnosticar acertadamente una ansiedad por sepa­ración podemos ayudarnos filmando al animal en vídeo; apreciaremos el cam­bio de su conducta inmediatamente des­pués y durante la hora posterior a la que el propietario ha abandonado su casa y así obtendremos datos muy reveladores.

Indicios

Podemos sospechar que un perro tiene un problema de ansiedad por separación cuando el propie­tario describe los siguientes pro­blemas de comportamiento:

  1. Lo sigue por toda la casa.
  2. Se pone muy nervioso cuando intuye que va a salir.
  3. El perro vocaliza (ladra o aúlla) en exceso.
  4. Hace sus necesidades (mic­ción/defecación) fuera del lu­gar establecido incluso aunque esté habituado a hacer sus ne­cesidades en la calle.
  5. Puede que su actividad aumen­te y que ésta se traduzca en una conducta destructiva dirigida hacia cualquier objeto (ropa, za­patos, muebles, paredes, etc.).
  6. Cuando el propietario llega y entra en casa el animal lo reci­be muy excitado (saluda nervio­samente, con saltos, ladridos e incorporaciones).

Algunos perros responden con una disminución significativa de su acti­vidad, acompañada de anorexia, dermatitis provocada por el exce­so de lamido, salivación excesiva, vómitos y diarreas; los cambios de conducta siempre van acompa­ñados de una respuesta fisiológica indicativa de estrés.

Podemos encontrar en un perro un solo síntoma de los expuestos, dos síntomas o todos a la vez.

Estos cambios de conducta úni­camente aparecerán cuando el propietario abandone la casa o cuando el perro no pueda tener acceso a él.

El diagnóstico

Antes de diagnosticar un problema de ansiedad por separación, el experto debe descartar los diagnósticos diferen­ciales:

  • Eliminación inadecuada por proble­mas orgánicos, marcaje con orina, micción causada por sumisión o ex­citación, falta de aprendizaje, falta de acceso frecuente al exterior, fobias o síndrome de disfunción cognitiva.
  • Vocalización excesiva (ladridos) por respuesta a ruidos y otros estímulos, conducta reforzada por el propietario, estereotipias, juego, fobias, agresivi­dad territorial u otras formas de agre­sividad.
  • Conducta destructiva por juegos, pro­pia de un cachorro, fobia, hiperactivi­dad, respuesta a estímulos externos.

Los casos de ansiedad por separación que se manifiestan en el animal a una edad temprana tienen un mejor pronós­tico que los que se manifiestan cuando el perro ya es adulto. Aunque podemos decir que la mayor parte de los casos tratados por este problema se resuelven satisfactoriamente.

Es importante indicar que el profesio­nal debe contar con toda la ayuda del propietario, que es esencial y clave para solucionar el problema.

El tratamiento

El tratamiento consta de dos partes: la primera y fundamental son las técnicas que utilizaremos para modificar la con­ducta, y la segunda, que es optativa en algunos casos e imprescindible en otros, son los fármacos. Debemos decir que en la mayoría de los casos éstos no son nece­sarios y que por sí solos no solucionarán el problema.

El objetivo del tratamiento es que el perro pueda quedarse solo en casa, tran­quilo, relajado y que sufra lo menos po­sible cuando su dueño abandona la casa.

Los pasos básicos a seguir son:

  • Debemos hacer que el perro rompa la asociación que toma como señal a la salida del propietario (a partir de ese momento comienza la ansiedad).
  • Debemos conseguir que el propietario no tenga tanto apego con el perro; las caricias y los premios solamente debe darlos cuando el animal está tranqui­lo y relajado (nunca antes de salir o cuando acaba de llegar a casa).
  • No debe castigarlo nunca, los castigos pueden empeorar el problema.
  • Para habituar al animal a las salidas del dueño, se debe alargar de forma programada el tiempo que éste se au­senta del domicilio; empezaremos por hacer el ritual de salida pero sin que llegue a marcharse: luego las salidas pueden ser de un minuto, más delan­te de cinco minutos y así iremos es­paciando el tiempo de llegada a casa hasta que el perro se acostumbre a las entradas y salidas de su dueño, hasta conseguir que el animal no se altere o se estrese cuando se queda solo.
  • La medicación se utilizará según cada caso y sobre todo cuando la ansiedad sea muy grave, pero prácticamente la mayoría de casos los podremos solu­cionar sin ella.

El propietario debe implicarse por completo y ser constante, aplicar correctamente las pautas de conducta y seguir el tratamiento indicado por el profesional.

El especialista hará el seguimiento de su evolución con controles periódicos, observará su correcta evolución y, en caso contrario, si no observara una me­jora o detectara un estancamiento, actua­ría rápidamente reestructurando parcial­mente el programa o incluso cambiando de técnicas.

Con un tratamiento adecuado con­seguiremos aliviar al animal del efecto que produce la ansiedad por separación, evitando la sensación de angustia que el perro experimenta durante muchas ho­ras al día, todos los días de su vida, me­jorando así su calidad de vida.

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