Cómo hacer más agradable para todos la peluquería canina

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Tanto los propietarios como los peluqueros caninos pueden contribuir a que el mantenimiento del pelo del animal sea una experiencia agradable y satisfactoria.

Lidia Guerrero Martin
Dogo Pets Care

El trabajo de un peluquero canino no es tan fácil como parece. Para poder trabajar de manera correcta y segura necesita que su cliente, el perro, permanezca quieto y en una posición cómoda para ambos. En la peluquería de exposición suele ser normal ver a los perros quietos y tranquilos mien­tras su estilista le hace todos los arreglos necesarios, ya que han estado educados para ello, trabajándolos muy frecuen­temente y tomando toda la paciencia y tiempo necesario para que el can entienda y encuentre normal el trabajo que le tiene que hacer el peluquero. Pero en los cen­tros de belleza no es tan común.

Por falta de concienciación, la gran ma­yoría de propietarios que tienen ejempla­res (de raza o mestizos) con un manto que requiere arreglo y mantenimiento periódi­co no llevan a su mascota hasta que esta cumple los 7-8 meses, cuando con 4 me­ses ya se le tendría que enseñar; o cuando son adultos los llevan tan solo una o dos veces al año, cosa que hace que su man­to este en pésimas condiciones y el perro tenga que soportar más tiempo y tirones de lo que se merece.

Estos perros evidentemente no serán ninguna joya para trabajarlos, ya que esta falta de costumbre supone que su com­portamiento negativo no permita hacer el trabajo ni agradable ni divertido; cuando se habla de comportamiento negativo se refiere a que el can no pare de moverse, gemir, ladrar e inclusive morder (la mayo­ría de veces no por maldad sino por mie­do). En muchas ocasiones se suele acabar colocando un bozal al perro o, por des­gracia, sedándolo (muy habitual en mu­chos centros, cuando no debería ser así).

¿Cómo puede colaborar el propietario?

Es importantísimo que los propietarios pongan un poco de su parte para mejorar­lo todo. Por ejemplo, explicar al propietario que tiene un cachorro con manto complica­do que no espere a que su mascota cumpla los 8 meses y tenga el manto hecho un de­sastre, que lo lleve a partir del cuarto mes y así el animal se habituará desde joven.

Si su mascota tiene un manto que re­quiere muchos cuidados, que intente ha­cer un arreglo cada mes, y seguro que su peluquero le hará un precio especial como cliente “vip”.

Cuando el propietario se dirige hacia la peluquería, es conveniente no decir nada a su mascota, ni hacerle juegos ni elogios y siempre con calma y tranquilidad; con el mismo pasotismo dejar a su mascota en el centro e irse. Parece extraño para nosotros pero es vital para ellos.

Otra buena práctica que podría hacer el propietario para ayudar a su perro sería realizar visitas al centro con su mascota, aunque no necesite nada, y premiarlo con alguna golosina o una galleta especial para ellos, cuando se esté en el centro; de este modo el can no solo relaciona el centro con las peluquerías sino también con cosas agradables.

¿Cómo tratar al perro en la peluquería canina?

Con un simple artículo es difícil poder dar grandes pautas, ya que la comprensión e in­terpretación del lenguaje canino es comple­jo. Realmente un peluquero canino debería tener conocimientos sobre psicología cani­na y etología, tanto para manipular canes buenos y dóciles como para minimizar los problemas que dan muchos perros. Lo más claro que tiene que tener un profesional es mantener siempre la calma, tratar con res­peto y dulzura, nunca demostrar al perro que se le tiene miedo (en el caso de perros agresivos) y siempre dar las mismas ordenes básicas de igual manera, como por ejemplo, “levántate”, “siéntate”, “no”, “bien” o “quieto”.

Si se detecta que el animal está muy nervioso, no hay que perder los nervios y bostezar, ya que el bostezo para ellos es signo de confianza y paz.

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Si el perro no quiere colaborar y pre­senta ignorancia hacia nuestras órdenes o estímulos, como un niño mal educado, se le tendrá que llamar la atención con un “no” rotundo y si reacciona, darle la orden y premiarlo si lo ha cumplido (por ejemplo, si un perro no para de mover­se, pero después de llamarle la atención para y permanece unos segundos quieto, premiarlo).

La complicación y peligro viene cuando el perro muerde por dolor, miedo o do­minancia. Cuando esto ocurre nunca hay que demostrarle que se le tiene miedo, no retirar la mano en el momento que nos muerde (si es un perro grande, por favor retirarse a tiempo) y acompañar con un “no” rotundo y demostrarle que se va a continuar con el trabajo; ante el mínimo indicio de que el can comprenda que morder no sirve de nada, premiarlo.

Si el animal presenta un miedo absoluto hacia el agua, secado o cualquier otro fac­tor, se tiene que avanzar despacio, al rit­mo que el perro vaya aceptando; de este modo se evita crear fobias.

Una última indicación para ayudar a ha­cer la peluquería más agradable es pensar en cómo se cepilla, se agarra, o la posi­ción en que se somete al animal, ya que pueden ser detalles determinantes para ellos. Por este motivo, se debe elegir bien el útil de cepillado, según el tipo y estado del pelo, coger al perro pensando siem­pre primero en ellos y después en nuestra comodidad (por ejemplo, coger sus patas y elevarlas no más arriba de su cuerpo) y, sobre todo, considerar su edad, ya que puede resumirse todo rápidamente en que la edad no perdona.

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