¿Son venenosos los sapos? y otras cuestiones que deberías saber sobre los anfibios

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Existen miles de especies conocidas de anfibios, cuyas cualidades les confieren unas características exclusivas dentro del mundo de los seres vivos. También generan algunas dudas, como el hecho de si los sapos son venenosos.

Vicente Castillo Pellejero

Distribución

Al igual que los reptiles, los anfibios son animales de sangre fría (ectotermos o poiquilotermos), es decir, no son capaces de generar una temperatura corporal constante, lo que implica que ésta varía en función de la temperatura del exterior.

En el caso de los reptiles, depende directamente del sol y en los anfibios (donde este fenómeno es más acusado) de la temperatura del aire o del agua.

Uno de los grandes problemas de estos animales es el mal aislamiento de su piel, que debe estar constantemente húmeda, lo que les crea una dependencia del agua que se acentúa en la fase reproductiva.

Esta característica fisiológica condiciona su distribución mundial. Desde el Ecuador, habitan hacia el norte y el sur siempre y cuando lo permitan las temperaturas. En invierno tiene lugar el proceso de hibernación que, además, sirve de estímulo para la fase reproductiva.

No se hallan en la Antártida ni en regiones norteñas de Europa, América y Asia. Dentro de sus áreas de distribución hay que ir a los lugares adecuados, que son los entornos húmedos: ríos, charcas, bosque o selvas. La mayoría de las especies no dependen directamente del agua, pero sí necesitan de zonas adecuadas próximas para la reproducción.

Reproducción

En las noches primaverales resulta fácil sorprenderlos encelados. Pueden realizar pequeñas migraciones para alcanzar los ríos, balsas o charcos. Habitualmente, los machos suelen ser más pequeños y efectúan el apareamiento subiéndose en la hembra y abrazándola. En los anuros (anfibios sin cola, de cuerpo corto y muy ensanchado, y patas posteriores adaptadas para el salto, como ranas y sapos) se denomina amplexus. Este abrazo puede ser por la axilas (amplexus torácico) o por delante de las patas posteriores (amplexus abdominal).

La fecundación es externa, es decir, a medida que la hembra expulsa los huevos, el macho en amplexus los fecunda. Estos huevos están envueltos en una masa gelatinosa protectora y forman un cordón con centenares o miles de ellos.

La disposición de dichos huevos y la localización de la puesta nos puede orientar sobre la especie. Por ejemplo, unas hembras los anclan al fondo del estanque mientras que otras los dejan flotando en la superficie. Los huevos pueden ir colocados alternativamente, por parejas o en forma de masas redondas.

La piel húmeda permite la respiración cutánea, aunque en fases juveniles se ayudan por branquias. La metamorfosis los transforma en adultos. Este fenómeno sólo tiene lugar en anfibios e insectos.

Anfibios diferentes

Como ya hemos comentado, los anfibios están vinculados siempre a zonas húmedas, aunque existen algunas sorprendentes excepciones. En España, por ejemplo, habita una especie de sapo muy curiosa: el sapo de espuelas. Este animal cava agujeros en zonas áridas, gracias a un tipo de espolones desarrollados en sus patas posteriores, y vive enterrado esperando las condiciones favorables de la noche (aunque depende de los charcos primaverales para la reproducción).

Los sapos parteros, de los que hay dos especies en España, son una excepción en cuanto al proceso de maduración de los huevos. Éstos son transportados por el macho entre sus patas hasta la eclosión (puede llevar entre 30 y 60), momento en que son depositados en algún área húmeda donde se desarrollan las formas larvarias (renacuajos).

Especies endémicas

Una especie se considera endémica cuando su área de distribución está claramente delimitada. En este caso, nos referimos a especies que habitan exclusivamente en el territorio español. Las más conocidas y frecuentes son:

  • El sapo partero ibérico (Alytes cisternasii), curioso por su peculiar forma de trasladar los huevos, como ya hemos referido anteriormente.
  • El tritón pirenaico (Euproctus asper), confinado exclusivamente a los ríos de los Pirineos. Muy depredado por las truchas.
  • El tritón ibérico (Triturus boscai), que ocupa la mitad occidental de la península Ibérica.
  • La salamandra rabilarga (Chioglossa lusitanica), más pequeña que la común y de color liso. Puede encontarse en el noroeste de la península.
  • La rana patilarga (Rana patilarga), limitada a Portugal y al noroeste y centro de España.

¿Son venenosos los sapos?

Uno de los tantos mitos asociados a los anfibios y especialmente a los sapos, es la equivocada creencia de que escupen veneno.

La mayoría tienen la piel rugosa con glándulas que segregan sustancias tóxicas que sirven como defensa frente a los depredadores. Hay descritas unas 300 de estas sustancias en función de la especie, aunque la más común es la que generan los sapos típicos del género Bufo: la bufotanina.

Estos compuestos se absorben por la piel o las mucosas y no son tóxicos si se ingieren, ya que son neutralizados por la acidez de los jugos gástricos. La intoxicación fluctúa entre el cuadro más leve, que cursa con una excesiva salivación, y la más grave, que puede conducir a la muerte en casos muy excepcionales.

Sabían bien de estas propiedades las antiguas brujas que tanto trabajo dieron al tribunal de las Santa Inquisición. Preparaban venenos y extraños brebajes donde combinaban huesos y sesos humanos, babosas, salamandras, hongos y sapos vivos desollados con un ritual establecido; el diablo les daba la bendición con la frase “polvos, polvos, polvos y ponzoñas”, tras lo cual arracaban de un mordisco la cabeza de los sapos y les quitaban la piel para secarla al sol. Los cuerpos se echaban en el caldero.

Estas sustancias también eran utilizadas por la medicina antigua y la alternativa. Los médicos de la antigua China usaban (y aún utilizan) las pieles del sapo de granos negros (Bufo bufogargarizans) convenientemente machacadas y secadas para el tratamiento de los dolores de muelas o la sinusitis.

Actualmente, la nueva medicina lo emplea para tratar la hidropesía, el ántrax o el alzheimer. También son útiles en ciertas dolencias cardíacas, ya que el veneno de sapo tiene efecto digitálico (estimulante del corazón). El veneno de la rana del género Litoria se utiliza para tratar el herpes.

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