La Feria de San Antonio de Gijón cierra su edición con un rotundo éxito y sorprende incluso a los organizadores: «La diversidad de especies ha sido maravillosa»
Durante dos jornadas intensas —sin contar el viernes, que se reservó exclusivamente para escolares—, el recinto ferial Luis Adaro se convirtió en el epicentro de la vida rural gijonesa. Talleres educativos, exhibiciones de oficios tradicionales y una excepcional muestra de animales dieron forma a una Feria de San Antonio que, a pesar de la ausencia de ganado vacuno por las restricciones sanitarias, logró reinventarse y ofrecer una experiencia inolvidable. Los organizadores no dudaron en calificarla como «brillante» y «diferente», superando todas las previsiones de público y participación.
El buen tiempo acompañó y muchas familias encontraron en esta cita el plan dominical perfecto. La exposición ganadera reunió más de 360 ejemplares de distintas especies, atrayendo a personas de todas las edades que disfrutaron aprendiendo y compartiendo momentos únicos. Los más pequeños, en particular, se convirtieron en los grandes protagonistas, fascinados por la oportunidad de interactuar con animales que rara vez ven en el entorno urbano.
Un fin de semana de inmersión rural en plena ciudad
El ambiente en el pabellón central era de auténtica fiesta. Los asistentes ofrecían puñados de heno a los caballos, acariciaban con delicadeza el lomo de los asturcones y no paraban de sacar sus teléfonos móviles para inmortalizar especies poco habituales en la ciudad. La mezcla de olores, sonidos y colores creaba una atmósfera que transportaba directamente al campo, sin necesidad de salir de Gijón.
Abelardo Cueto, acompañado de su pareja Gloria Montes y su hija Eva, además de su perro ''Bali'', llevaba cuatro años asistiendo ininterrumpidamente a la feria. «Hay mucha variedad: desde pájaros hasta conejos, y puedes ver de todo. Además, vengo con la pequeña y los niños lo pasan genial», comentó Abelardo mientras observaba a Eva fascinada con los conejos. La niña no solo disfrutó de los animales, sino que también participó en los talleres donde aprendió a elaborar cachopos y a mallar sidra. «La verdad es que está muy bien organizado, y también hay muchos puestos de comercio local», añadió su padre.
«La variedad de animales es muy bella y los puedes ver más cerquita. Esta edición ha sido mucho más bonita que la anterior» — Sofía Santamaría, madre del pequeño Eiren.
Los más pequeños, protagonistas indiscutibles
Entre el público infantil destacaba Eiren, un niño de solo tres años que, incansable, intentaba acercar un trozo de heno a un caballo cuya rodilla apenas alcanzaba. Su madre, Sofía Santamaría, observaba con una sonrisa las travesuras de su hijo. «Ya habíamos venido el año pasado, pero ahora él lo puede disfrutar mucho más. Esta edición me parece especialmente bonita porque la disposición de los animales permite verlos muy de cerca», afirmó.
La presencia de tantas familias con niños pequeños demuestra el atractivo de una feria que combina educación, entretenimiento y contacto directo con la naturaleza. Los talleres, además, ofrecían una oportunidad única para que los más jóvenes descubrieran oficios tradicionales y aprendieran sobre la procedencia de los alimentos. Por ejemplo, en el taller de cachopos los niños podían ver cómo se preparaba este plato típico asturiano, mientras que en el de sidra aprendían el arte de escanciar, una tradición que se transmite de generación en generación.
Para aquellos que deseen profundizar en el conocimiento de las razas autóctonas y la fauna de granja, recomendamos consultar una completa guía ilustrada como Guía de razas de caballos y animales de granja, ideal para que los niños identifiquen las especies que vieron en la feria.
Variedad de especies y talleres tradicionales
La exposición ganadera destacó por su heterogeneidad. Además de los caballos y asturcones, se podían observar:
- Aves de corral de diferentes razas, desde gallinas hasta pavos reales.
- Conejos de varias variedades, que fueron los favoritos de los más pequeños.
- Ovejas y cabras, que pastaban tranquilamente en corrales cercanos.
- Perros de raza autóctona, como el pastor vasco o el mastín español.
- Patos y ocas, que también llamaron la atención por su colorido.
Los talleres de oficios tradicionales completaron la oferta. Los asistentes pudieron ver demostraciones de herreros, cesteros y alfareros, así como participar en actividades prácticas. La elaboración de cachopos y el escanciado de sidra fueron dos de los talleres más concurridos. Para quienes quieran replicar estas experiencias en casa, un buen recurso es el Libro de recetas de cachopos asturianos, que explica paso a paso cómo preparar este plato tradicional. Asimismo, un Kit para escanciar sidra puede ser un excelente regalo para aficionados a la cultura sidrera.
El secretario general de la Cámara de Comercio de Gijón, Álvaro Alonso Ordás, valoró muy positivamente el desarrollo de la feria. «Ha sido una edición singular, pero ha cumplido con creces las expectativas. El éxito de público y participantes demuestra el peso que tiene el sector rural en Gijón y el interés de la ciudadanía por conectar con nuestras tradiciones», declaró.
Contenido original en https://www.elcomercio.es/gijon/feria-san-antonio-gijon-firma-edicion-brillante-20260614165604-nt.html
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