¿Qué dicen los animales? La ciencia avanza en el desciframiento de sus vocalizaciones
Cerca de allí, un equipo de audio proyecta una larga sombra sobre la tierra de color óxido y emite una serie de chirridos de alta frecuencia inaudibles para el oído humano, interrumpiendo la tranquila rutina matutina del roedor. El ratón reconoce la llamada como proveniente de otro ratón de un arbusto vecino, exactamente como habían previsto los científicos que la transmitían.
El ratón rayado se incorpora sobre sus patas traseras, una expresión de vigilancia moderada. Sin embargo, cuando los investigadores reproducen una llamada de un ratón del mismo nido, el animal continúa tomando el sol sin mostrar señales de inquietud.
âCuando se trata de una vocalización de un individuo vecino, les presta mucha más atención. Realmente mira hacia el altavoz. Se alteraâ, explicó Nicolas Mathevon, profesor de la Universidad de Saint-Ãtienne, en Francia, quien lideró la investigación sobre los ratones rayados africanos.
La investigación es la primera en descifrar los sonidos ocultos de los ratones en estado salvaje y forma parte de una serie de estudios publicados en los últimos años que están revelando hasta qué punto puede ser sofisticada la comunicación vocal entre animales, incluso cuando los sonidos son imperceptibles para los seres humanos.
âNo hace mucho tiempo, la gente pensaba que los animales no se comunicaban en absoluto o que solo transmitían mensajes muy simplesâ, dijo Mathevon, autor del libro âLas voces de la naturaleza: cómo y por qué se comunican los animalesâ. El investigador ha estudiado la comunicación animal en aves, delfines, monos, hienas y cocodrilos, e incluso ha intentado interpretar el significado de los llantos de los bebés humanos. Los hipopótamos son los siguientes en su lista.
Equipados con sofisticados sistemas de grabación, algoritmos de aprendizaje automático y una enorme dosis de perseverancia y paciencia, los bioacústicos están encontrando patrones de comunicación entre animales que antes se consideraban exclusivos de los seres humanos. Estos descubrimientos cuestionan algunas de las ideas tradicionales sobre qué hace especial al lenguaje humano.
En última instancia, los investigadores afirman que no solo podrán escuchar las conversaciones de los animales, sino también desarrollar la capacidad de responderles, al estilo del personaje ficticio Doctor Dolittle. Sin embargo, los expertos discrepan sobre si una comunicación bidireccional terminará beneficiando a los animales.
En 2023, Nicolas Mathevon y sus colegas registraron 122.619 chillidos de decenas de ratones rayados africanos durante 12 días y noches utilizando 23 micrófonos distribuidos alrededor de cuatro arbustos con nidos. El repertorio vocal consistía en al menos siete tipos diferentes de chillidos. Los ratones utilizaban algunos de esos sonidos dentro de sus nidos y otros en los límites de su territorio.
Los investigadores utilizaron la información para entrenar una red neuronal artificial, el mismo sistema que sustenta modelos de lenguaje de gran escala como ChatGPT. La red les permitió descubrir que cada nido de ratones tenía una firma vocal específica. Estudios posteriores revelaron que los ratones individuales también tenían firmas vocales únicas.
âEl aprendizaje automático es absolutamente esencial porque tienes demasiadas llamadas, demasiadas vocalizaciones; no puedes gestionarlasâ, dijo Mathevon. Explicó que los sonidos que él y su equipo lograron descifrar representan información âestáticaâ sobre la identidad de los ratones que no cambia con el tiempo. El siguiente objetivo será intentar interpretar la âinformación dinámicaâ que, según cree, está codificada en las llamadas, como datos sobre los niveles de estrés, que sí varían.
El trabajo sobre los ratones rayados africanos es uno de los cuatro proyectos finalistas del Premio Dolittle de este año. El galardón entrega US$ 100.000 para reconocer avances significativos en el desciframiento de la comunicación animal. El premio, patrocinado por el empresario multimillonario británico Jeremy Coller, también contempla una inversión de US$ 10 millones o un premio en efectivo de US$ 500.000 si un equipo logra demostrar que una especie se comunica de manera independiente con los investigadores sin reconocer que está interactuando con seres humanos.
âLa visión es alcanzar una comunicación bidireccional fluida, en la que los seres humanos puedan interactuar con animales salvajes de la misma forma en que interactúan entre sí, creando una especie de contacto genuino y significativoâ, dijo Jonathan Birch, juez del premio, profesor de filosofía y director del Jeremy Coller Centre for Animal Sentience de la London School of Economics. âReconocemos que aún estamos lejos de esa metaâ.
El ganador de este año será anunciado el 25 de junio. El ganador, en 2025, fue un equipo que identificó un sistema de comunicación similar al lenguaje en los silbidos de delfines salvajes de Sarasota, Florida. Aunque gran parte de la investigación sobre comunicación animal se centra en mamíferos de gran tamaño con sistemas de comunicación considerados relativamente complejos, como los primates y los cetáceos (ballenas y delfines), Birch señaló que los jueces intentan abarcar una amplia variedad de especies.
Además de los investigadores de los ratones rayados, entre los finalistas de este año figuran científicos que estudian la comunicación de dos especies de grandes simios en Costa de Marfil y la República Democrática del Congo, así como de los bulliciosos pinzones cebra de pico rojo, aves cantoras originarias de Australia que se mantienen en cautiverio en California. Un finalista de 2025 logró descifrar gestos realizados por sepias en un laboratorio francés.
Agregó que el mayor desafío para los investigadores es obtener suficientes datos. âLo que hemos visto en el caso humano es que los sistemas de inteligencia artificial, a simple vista, parecían demasiado simples para hacer algo interesante. Pero una vez que cuentan con suficientes datos de entrenamiento, aparecen estas capacidades extraordinariasâ.
Los animales salvajes, por supuesto, no han estado generando datos de entrenamiento para nuestros modelos de lenguaje creados por humanos y entrenados con billones de palabras. Obtener suficiente información en la naturaleza, incluso para un modelo sencillo, puede tomar décadas.
Catherine Crockford, directora del Ape Social Mind Lab del Instituto de Ciencias Cognitivas de Lyon, Francia, comenzó su vida profesional como terapeuta del habla y del lenguaje en hospitales de Londres. Sin embargo, a finales de la década de 1990 se interesó por la evolución del lenguaje y comenzó a estudiar a los chimpancés salvajes que habitan el Parque Nacional Taï, en Costa de Marfil. âLa idea de que su comunicación era interesante no estaba de modaâ, recordó. âHemos avanzado mucho desde entoncesâ.
Crockford y su colaborador Roman Wittig, científico sénior y líder de grupo de investigación en el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig, Alemania, han dedicado años a recopilar cerca de 20.000 horas de grabaciones de llamadas de chimpancés. Su trabajo más reciente sugiere que estos grandes simios pueden crear nuevos significados al combinar sonidos en pares, algo parecido a la sintaxis, una característica que durante mucho tiempo se consideró exclusiva del lenguaje humano.
âTenemos 150 chimpancés que conocemos personalmente. A muchos de ellos los hemos seguido desde su nacimiento hasta su muerte, porque ya estamos observando la tercera generación de individuosâ, dijo Wittig.
Crockford explicó que el estudio más reciente encontró que, aunque los chimpancés solo cuentan con 12 tipos de llamadas en su repertorio, poseen la flexibilidad de combinarlas de múltiples formas para modificar significados o generar otros nuevos, âlo que realmente les da mucha más capacidad para comunicar cosasâ.
Los investigadores identificaron 16 combinaciones de dos llamadas. Algunas ampliaban o aclaraban el significado de una de ellas. Por ejemplo, el equipo interpretó una combinación como: âEstoy alimentándome y descansandoâ. Otras cuatro combinaciones creaban significados completamente nuevos. âHooâ, un sonido que se emite al descansar, combinado con un âgruñido jadeanteâ, utilizado como saludo, significa: âConstruyamos un nidoâ.
Mélissa Berthet, investigadora posdoctoral de la Universidad de Milán, pasó nueve meses observando bonobos en las remotas selvas tropicales de la República Democrática del Congo. Ella y sus colegas descubrieron que estos simios âparientes cercanos de los chimpancés, pero con una estructura social muy diferente dominada por las hembrasâ utilizan combinaciones similares de llamadas.
Durante esos nueve meses, Berthet se levantaba a las 4:00 a.m. para seguir a los bonobos a través de la densa selva, donde recorren varios kilómetros al día antes de construir sus nidos para dormir. Registró detalladas notas de voz sobre lo que había ocurrido justo antes de que los bonobos emitieran sus llamadas: ¿estaba alimentándose?, ¿se desplazaba?, ¿estaba solo o acompañado? Para cada llamada registrada, completaba una lista de más de 300 parámetros.
No fue hasta regresar a la Universidad de Zurich, en Suiza, donde trabajaba entonces, cuando comenzó a emerger una imagen más clara. Berthet utilizó una técnica matemática para analizar cientos de horas de grabaciones. Registró 700 llamadas de distintos bonobos y creó un mapa visual de llamadas individuales y combinadas para investigar su significado.
Por ejemplo, descubrió que cuando una llamada denominada âpeepâ, utilizada para sugerir una acción, se combina con un âsilbidoâ, que por sí solo ayuda a mantener unido al grupo durante los desplazamientos, la combinación adquiere un significado completamente diferente. En lugar de eso, indica una situación social tensa.
âLa utilizaban en contextos sociales muy delicados, por ejemplo, cuando alguien estaba amenazando a otro individuoâ, explicó. âCreo que es una forma de decir: âMe gustaría que hiciéramos las pacesââ.
Crockford señaló que el equipo ha comenzado a utilizar herramientas de inteligencia artificial y ha comprobado que âaceleran enormemente el proceso de gestión de grandes conjuntos de datosâ.
âUno de los aspectos que hace difícil el repertorio vocal de los chimpancés es que las vocalizaciones se transforman gradualmente unas en otras. Puedes tener gruñidos que evolucionan hacia âhoosâ, o hacia ladridos, y ladridos que evolucionan hacia gritos, y así sucesivamenteâ, explicó.
En conjunto, los hallazgos en chimpancés y bonobos sugieren una forma rudimentaria de sintaxis, es decir, las reglas que gobiernan el orden de las palabras en el lenguaje humano y que le otorgan flexibilidad y creatividad. Por ejemplo, en inglés, las expresiones âape goesâ y âgo apeâ contienen las mismas palabras, pero tienen significados completamente distintos.
Muchos científicos creían que los sistemas vocales de los grandes simios eran demasiado limitados para considerarlos precursores del lenguaje humano. Sin embargo, el trabajo de Crockford, Berthet y sus colegas apunta en otra dirección. Comprender mejor estas vocalizaciones dinámicas también sienta las bases necesarias para alcanzar el objetivo de comunicarse con los animales. Sin entender el significado y la función de las vocalizaciones animales, una comunicación bidireccional sería imposible.
Sin embargo, Berthet mantiene dudas sobre si los beneficios de hablar con los animales superarían los posibles riesgos. Aunque considera que la capacidad de comunicarse con animales domesticados y de zoológicos, cuyas vidas están profundamente entrelazadas con las de los humanos, podría mejorar su bienestar, se muestra menos convencida respecto a los animales salvajes.
âTrabajo en este campo para comprender a los animales y, obviamente, sería un sueño poder hablar con ellos, pero creo que debemos ser muy cautelososâ, afirmó. âMe preocuparía que termináramos con un tipo de turismo centrado en hablar con chimpancés, bonobos y luego gorilas. Y entonces tendríamos animales muy confundidos que no entenderían por qué les dicen que vayan a un lugar u otro o por qué alguien quiere jugar con ellosâ.
Con estas preocupaciones en mente, Berthet y sus colegas son cautelosos a la hora de realizar experimentos de reproducción de sonidos en la naturaleza, similares a los que llevó a cabo Mathevon con los ratones rayados africanos, que permitirían confirmar sus hallazgos. Los investigadores temen que esos experimentos sean demasiado invasivos y alteren la dinámica social de los grupos de bonobos.
âNo queremos que los individuos escuchen su propia voz, ¿verdad? Son especies con las que trabajamos. Son muy inteligentes, tienen una gran conciencia social y quiero evitar, a cualquier costo, alterar su comportamientoâ, dijo Martin Surbeck, profesor asociado del Departamento de Biología Evolutiva Humana de la Universidad de Harvard, quien ayudó a establecer en 2016 el sitio de investigación de bonobos en Kokolopori, donde Berthet realizó su trabajo de campo. âSería bastante perturbador y podría tener consecuencias que realmente no podemos anticiparâ.
Grupos como Project CETI, o Iniciativa de Traducción de Cetáceos, que trabaja con cachalotes, ya están analizando las implicaciones legales y éticas que podrían surgir si los seres humanos logran comprender mejor la comunicación animal.
Julie Elie, científica asociada de proyectos del Departamento de Neurociencia de la Universidad de California en Berkeley, trabaja actualmente con pinzones cebra en cautiverio después de haberlos estudiado en estado silvestre. Considera que será más fácil descifrar el código de la comunicación entre especies con las aves que con los primates o las ballenas.
âSon animales muy vocales y nos resulta fácil observarlos. Podemos limitar el espacio en el que viven sin oprimirlos y aun así mantener comportamientos naturalesâ, explicó. âEs muy difícil mantener una ballena en una piscinaâ.
Aunque el canto de las ballenas ha fascinado a los científicos durante décadas y la inteligencia artificial ha sido utilizada para descubrir algo parecido a un alfabeto fonético en los cantos que emplean los cachalotes, lo que realmente están diciendo sigue siendo, en gran medida, un misterio. Esto se debe a que es mucho más difícil seguir y observar a las ballenas en su entorno natural y, por lo tanto, relacionar sus vocalizaciones con acciones específicas.
Su catálogo coincidió con las llamadas documentadas en estado silvestre por el fallecido ornitólogo Richard Zann. Sin embargo, quería ir un paso más allá y saber si las propias aves coincidían con su clasificación.
Para ello, diseñó un experimento con pinzones cebra entrenados para picotear un botón. Cada vez que el botón era presionado, sonaba una llamada diferente. El tipo de llamada que Elie quería estudiar en un día determinado era recompensado con una semilla.
Por lo general, el ave comenzaba escuchando varias llamadas completas hasta llegar a la vocalización recompensada. Después de que esto ocurría varias veces, el pinzón cebra âaprende rápidamente a interrumpir la reproducción de los sonidos que no reciben recompensa para activar el siguienteâ, algo parecido a cómo una persona desliza rápidamente videos que no le interesan.
âLo que demostramos es que son capaces de realizar esta tarea de clasificación con todos los tipos de llamadas que nosotros, los humanos, identificamos en su repertorioâ, afirmó. âPor primera vez, pudimos preguntarles a los animales si habíamos identificado correctamente las âpalabrasâ o los bloques de construcción de su âlenguajeââ.
También descubrió que las aves no eran perfectas. A veces interrumpían vocalizaciones que les habrían otorgado una recompensa o esperaban hasta el final de la reproducción de una vocalización sin recompensa. Sin embargo, esos errores seguían un patrón específico que sugería que las aves confundían significados similares más que sonidos similares.
Elie ofreció un ejemplo utilizando el lenguaje humano: si el ave tuviera que clasificar las palabras âdolorâ, âcorazónâ, âamorâ y âguanteâ, sería más probable que confundiera âcorazónâ y âamorâ âcon significados relacionados pero sonidos diferentesâ que âamorâ y âguanteâ, que suenan de forma más parecida pero tienen significados distintos.
âAl demostrar que los pinzones cebra tienen una representación mental del significado de sus llamadas, estamos empezando a derribar la barrera entre nuestra propia especie y el resto del reino animalâ.
Como siguiente paso en su investigación, espera diseñar un robot que se mueva, suene y tenga el aspecto de un pinzón cebra. Sin embargo, incluso si tiene éxito, prevé que existirán límites para esa comunicación. âEs importante recordar que cada especie vive en su propio mundo. Lo que tiene sentido preguntarle a un ser humano puede no tener sentido preguntárselo a un aveâ, señaló.
Está claro que la inteligencia artificial permitirá comprender mejor la comunicación animal y ayudará a los científicos a imitar con mayor precisión las vocalizaciones de los animales. Sin embargo, es mucho menos seguro que estas herramientas permitan una comunicación bidireccional con los animales de la forma en que muchos seres humanos, inspirados por historias como âEl libro de la selvaâ, podrían imaginar, afirmó Yossi Yovel, profesor del Departamento de Zoología de la Universidad de Tel Aviv, quien estudia la comunicación de los murciélagos y preside el panel de jueces del Premio Dolittle.
âCreo que la comunicación entre especies existirá. Simplemente será mucho más aburrida de lo que algunas personas imaginanâ, dijo. âMe encantaría hablar con mi gato. Desafortunadamente, podría ser una conversación bastante limitadaâ.
Berthet coincidió. âNo son como nosotros. Tienen necesidades e intereses diferentes. Por eso es muy poco probable que, incluso si algún día logramos establecer esta comunicación bidireccional, podamos hablar sobre la guerra o la ecologíaâ.
Los investigadores añadieron que también es posible que a los humanos no les guste lo que oigan, sobre todo cuando se trata de animales domesticados, mascotas o animales en cautiverio. âSi queremos hablar con los animales, ¿estamos realmente dispuestos a escuchar lo que tienen que decir?â, preguntó Surbeck.
Interactuar con animales implica un alto grado de incertidumbre sobre lo que se está comunicando y sobre los efectos que esto puede tener en ellos, lo que podría provocar daños emocionales o físicos, explicó Mark Ryan, investigador sénior en ética digital de la Universidad e Investigación de Wageningen, en los Países Bajos.
âSiento que gran parte de la investigación sobre comunicación animal se realiza por las razones correctas: obtener una mejor comprensión del mundo no humano, desarrollar conocimiento científico sobre los animales y nuestro lugar en el mundo, y respaldar los esfuerzos de conservaciónâ, escribió Ryan por correo electrónico. Ryan es coautor de un estudio sobre los riesgos éticos de intentar âhablar con las ballenasâ.
Melanie Challenger, especialista en ética y vicepresidenta de la Real Sociedad para la Prevención de la Crueldad contra los Animales (RSPCA, por sus siglas en inglés), afirmó que el estudio de la comunicación animal es âfascinanteâ, pero no cree que necesariamente conduzca a un futuro más justo para los animales.
âPero creo que todavía corremos el riesgo de caer en la trampa de esperar que los animales sean como nosotros. Y si no son suficientemente parecidos a nosotros, entonces pensamos que no necesitamos tenerlos en consideraciónâ.
Mathevon, sin embargo, argumentó que incluso si nunca logramos hablar con los animales de una forma comparable a la comunicación humana, comprender la complejidad de sus sistemas de comunicación e intentar imitarlos o interactuar con ellos resultará beneficioso para los propios animales.
Por ejemplo, señaló que, para evitar colisiones, algunos trenes en Japón emiten señales de advertencia basadas en un sonido similar a un resoplido que los ciervos utilizan para alertar a otros cuando perciben peligro.
La información codificada en los sistemas vocales también podría revelar detalles útiles sobre los niveles de estrés de los animales, lo que ayudaría a mejorar el bienestar de los animales de granja y de laboratorio sin necesidad de procedimientos invasivos como los análisis de sangre.
Mathevon considera que algún día será posible desarrollar una âmáquina Dolittleâ capaz de comunicarse con los animales. âPara las especies que han sido estudiadas en profundidad, creo que no existen limitaciones técnicas específicasâ, afirmó.
Contenido original en https://cnnespanol.cnn.com/2026/06/03/ciencia/cientificos-comunicacion-especies-inteligencia-artificial-trax
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